La economía circular supone un modelo de producción en el que se tiene en cuenta para todo el proceso productivo, la minimización y, en el óptimo, la eliminación de desechos, residuos, sobrantes y cualquier pérdida de materiales, energía, subproductos, mermas, etc. Así se optimiza su utilización en las diferentes fases del proceso y, si cabe, su re-utilización para otros procesos (propios o ajenos, internos o externos).

Además, abarca a toda la cadena de valor, por lo que comienza desde la concepción de la idea, su diseño, usabilidad, seguridad, embalaje, etc., hasta la gestión postventa, acompañando a los consumidores y usuarios de los productos y/o servicios en su propia gestión circular de los mismos (reciclaje, desechos, consumo, etc.).

Si existen subcontratas para cualquier fase del proceso, es condición indispensable para su contratación, que sigan las normas de la contratista en materia de economía circular.

En resumen, en la economía circular se sigue una máxima: “todo se aprovecha, nada se desecha”.

Esta máxima también es aplicable a la RSC, Responsabilidad Social Corporativa. Conviene recordar, en este punto, el alcance del concepto de RSC. La definición elegida corresponde a la existente en la “Estrategia Española de Responsabilidad Social de las Empresas 2014-2020”, elaborada por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Es la siguiente:

“La Responsabilidad Social de la empresa es, además del cumplimiento estricto de las obligaciones legales vigentes, la integración voluntaria por parte de la empresa, en su gobierno y gestión, en su estrategia, políticas y procedimientos, de las preocupaciones sociales, laborales, ambientales y de respeto a los derechos humanos que surgen de la relación y el diálogo transparentes con sus grupos de interés, responsabilizándose así de las consecuencias y de los impactos que derivan de sus acciones”.

Las implicaciones de incorporar y aplicar la RSC en las organizaciones en general, y en las empresas en particular, es que supone, por un lado, un nuevo paradigma de gestión y, por otro lado, un sistema de gestión que, por tanto, se rige por la mejora continua.

La RSC es un nuevo paradigma de gestión, pues supone abandonar la gestión basada:

  •  En una rendición de cuentas a los shareholders (accionistas, propietarios e inversores).
  •  En un reporte de información fundamentalmente económico-financiera.
  • En planificar a corto plazo (de forma anual), con evaluación de impactos sólo económicos.
  • En establecer una información y comunicación unidireccionales, no hay escrutinio.
  • En contemplar la responsabilidad social, si se aplica, como una acción social basada en filantropía y mecenazgo.

Y pasar a una gestión basada:
– En una rendición de cuentas a los stakeholders (grupos de interés).

En un reporte de información financiera y no financiera (índole social, ambiental, laboral y de respeto a los derechos humanos).

  • En planificar a largo plazo, midiendo los impactos económicos, ambientales y sociales.
  • La información y comunicación se establecen mediante plataformas de diálogo e interacción permanentes y, por supuesto, bidireccionales.
  • La responsabilidad social es holística y transversal, pues afecta a toda la organización y su cadena de valor.Además, la RSC es un sistema de gestión y, como cualquier otro, se rige por las fases del ciclo de la mejora continua, que son las siguientes:

–  Planificar: análisis y diagnóstico del punto de partida, establecimiento de objetivos y metas con sus respectivos indicadores.

–  Hacer: efectuar los planes y programas previstos en la fase anterior, a partir de los presupuestos asignados.

–  Comprobar: los resultados alcanzados, y analizar las causas de las desviaciones con respecto a lo previsto inicialmente.

–  Ajustar: proponer alternativas de mejora, adaptar y adecuar diferentes opciones para conseguir los objetivos inicialmente fijados.

Como se expuso con anterioridad, la RSC también sigue la máxima de la economía circular en la que “todo se aprovecha, nada se desecha”. La economía circular de la RSC viene definida por un círculo virtuoso compuesto de los siguientes elementos:

–  La toma de decisiones: el buen gobierno y el cumplimiento normativo (legal e interno), implican la adopción de prácticas de justa operación.

–  La política de RSC: es la guía a seguir por todos los integrantes de la organización, cadena de valor incluida y futuras contratas.

–  La estrategia de RSC: el plan director, los planes operativos anuales con sus programas específicos y los objetivos y metas adheridos a ellos.

–  La estructura directa e indirecta de RSC: las personas que lo lideran, y los delegados del resto de las áreas funcionales y organizativas.

–  La gestión de los grupos de interés: identificación, priorización (grado de importancia) y análisis de sus necesidades, expectativas, requerimientos, exigencias y anhelos.

–  La rendición de cuentas: la memoria de sostenibilidad, las plataformas de diálogo con los grupos de interés, los eventos y otras vías de comunicación.

–  El escrutinio social: posibilidad de evaluar los grupos de interés los resultados alcanzados en la materia, así como posibilidad de participar en la generación de valor compartido.

La economía circular de la RSC se produce cuando, a partir del escrutinio social, junto con el sistema de gestión basado en el ciclo de mejora continua, se vuelven a ajustar las decisiones a tomar, que pueden afectar en mayor o menor medida la política, estrategia, planes y programas de RSC, así como la relación e interacción con los grupos de interés, a partir de los impactos generados en ellos, en los ámbitos social, ambiental, laboral, ético y de respeto a los derechos humanos.

Por lo tanto, nada se desecha, todo tiene importancia, pero para que la economía circular de la RSC surja efecto, tiene que aplicarse en su gestión un elemento determinante: la transparencia.

Es imprescindible la transparencia, para informar y comunicar a los diferentes grupos de interés tanto de los logros e hitos como de los problemas y obstáculos. Y todo ello para cada plan y programa, para cada objetivo y meta a alcanzar.

Sólo existirá un verdadero escrutinio social cuando no exista una brecha o diferencia entre lo que la empresa comunica y lo que verdaderamente realiza. Cualquier error en este ámbito, puede suponer una falta de credibilidad y confianza en la empresa y, por tanto, su descrédito y mala reputación.

Se ha demostrado que en la RSC todo es importante, todo es aprovechable, desde las opiniones internas hasta las opiniones externas, tanto con actores identificados y con estrecha relación con la empresa, como con actores puntuales y cuya opinión se recaba para la mejora del objetivo, meta, indicador, logro o hito a alcanzar.

Aquí los errores suponen una valiosa experiencia, y los éxitos suponen una fuente de vitalidad y contagio con los actores implicados en que la empresa se constituya en un actor socialmente responsable para la sociedad en general, y para la comunidad local donde opera en particular.

Porque al final, de lo que se trata es de que, siendo un actor socialmente responsable, se contribuye al Desarrollo Sostenible, objetivo global de la economía, la sociedad y el planeta.

 

Emilio Moral, Socio- Director de Responsablia

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